domingo, 23 de marzo de 2014

La presencia templaria en el Reino de Galicia

Exposición termparia en Peñíscola (agosto de 2010)
Nos encontramos en el año 1310. Los miembros de la Orden del Temple del Reino de Castilla y León han sido citados en la villa de Medina del Campo por orden del Papa Clemente V- a instancias de Felipe, el Hermoso,  para ser juzgados y procesados. Era el principio del fin de la hermandad templaria.
Aunque de eso nos ocuparemos más adelante. Lo que nos interesa de esa fecha es que los documentos de la época que hacen alusión a dicho proceso recogen los nombres de las seis encomiendas templarias que aún perduraban en la región: Faro, en las inmediaciones de A Coruña; Amoeiro, en la provincia de Ourense; Coia, próxima a Vigo y Canabal, San Fiz do Ermo y Neira, en la provincia de Lugo. Se sabe que existió una séptima encomienda en la villa de Betanzos, ya desaparecida por aquel entonces.  Pero, ¿cómo y cuándo se produjo el asentamiento de la Orden del Temple en el Reino de Galicia?
Hablar de la llegada de los templarios al territorio gallego implica necesariamente mencionar un nombre propio: el Conde Fernando Pérez de Traba, perteneciente a una de las familias nobles gallegas más importantes del momento. Fue precisamente su segunda esposa, Teresa de Portugal, la que en 1128 hizo entrega a la Orden del Temple de la fortaleza de Soure. Se sabe que Fernando Pérez de Traba viajó en dos ocasiones a Jerusalén, donde conoció las andanzas de los templarios. Juan Gabriel Satti Bouzas, periodista gallego e investigador de los pasos de los templarios, cuenta que su primer acercamiento al Temple llegó en 1147 a través de uno de los mayores valedoresde la Orden: San Bernardo. La Segunda Cruzada estaba en marcha y una expedición de cruzados integrada por ingleses, alemanes y flamencos tuvo que hacer escala en tierras gallegas a causa de un fuerte temporal. Fue allí donde Fernando Pérez de Traba y Bernardo de Claraval se conocieron y de donde nació el apoyo del Conde a la Orden del Temple. 

La encomienda de Faro 
Avanzamos hasta el año 1211. Alfonso IX reina en  León, aún separado del reino de Castilla. De manos del regente, la Orden del Temple recibió la villa y la fortaleza de Ponferrada, un enclave muy próximo a los límites entre León y el territorio gallego. En esa misma fecha hay constancia de que los caballeros templarios recibieron territorios gallegos, en las zonas de Limia, Lemos, San Miguel de Canedo, Faro y Cambre, tal y como nos relata Gonzalo Martínez Díez en Los Templarios en los Reinos de España.
Pero, si estudiamos el origen de las encomiendas, nos encontramos con que ya existían bailías templarias plenamente constituidas en fechas anteriores. Es el caso de la encomienda de Faro, que tuvo una gran importancia, tanto en Galicia como en el conjunto del reino leonés. De hecho, en la cercana villa de Burgo de Faro había sido construida una fortaleza templaria durante el reinado de Alfonso VII (1126-1157), por lo que el asentamiento templario se produjo a lo largo del siglo XII. A esta encomienda, la primera que poseyó el Temple en el reino gallego, pertenecieron, entre otros lugares, la citada villa de O Burgo y la parroquia de Santa María do Temple, conectadas entre sí por un puente románico conocido en el lugar como puente de los templarios.
El emplazamiento de este territorio nos da la pista principal de su importancia. Una villa portuaria por la que transcurría la llamada ruta gascona, que unía el puerto francés de La Rochelle con Lisboa, pasando por Galicia, y que por lo tanto representaba un enclave ideal para el comercio y la peregrinación.
Sin abandonar la provincia de A Coruña y siguiendo las investigaciones del historiador gallego Carlos Pereira Martínez, es necesario mencionar otras dos encomiendas, que no figuran en los documentos de 1310: Lendo y San Sadurniño.
De la bailía de Lendo se tuvo constancia por vez en primera en torno al año 1214 y las principales hipótesis apuntan a que su origen está vinculado a una serie de bienes cedidos por la encomienda de Faro, cuyo número obligó a la formación de una nueva encomienda para facilitar su administración. Ubicada en el actual concejo de A Laracha, este territorio también podía presumir de una situación estratégica, pues por ella transcurría una importante vía de comunicación. Respecto a San Sadurniño, la primera prueba de su existencia es un documento del año 1248, por lo que su formación tuvo que producirse a comienzos del siglo XIII. Carlos Martínez Pereira resalta, también en este caso, la relevancia de la ubicación del lugar. Por San Sadurniño discurría uno de los Caminos del Norte que llevaban a Santiago de Compostela, procedente de Asturias y del norte de las provincias de Lugo y A Coruña. 

Los asentamientos templarios en Lugo y Ourense 
Peñíscola (2010)
Según las investigaciones llevadas a cabo por historiadores e investigadores, tres encomiendas tuvo la Orden del Temple en la provincia lucense: Canabal, San Fiz do Ermo y Neira dos Cabaleiros. De las dos primeras bailías se cree que fueron fundadas cerca de la primera mitad del siglo XIII, aunque eso no quiere decir que no hubiera presencia templaria con anterioridad, como bien nos avisa Carlos Pereira Martínez. De hecho, hasta nuestros días ha llegado el dato de que los templarios ya habían estado en Canabal en el año 1166, gracias a un documento procedente del monasterio de Ferreira de Pallares. De San Fiz do Ermo, situado en el concejo de Guntín, se sabe que estuvo en manos templarias durante el siglo XIII e contaba con varias propiedades agrícolas e inmobiliarias en localidades como Palas de Rei.
Diferente es la situación de la encomienda de Neira, cuya única alusión la hallamos en 1310, cuando la Orden del Temple fue convocada en Medina del Campo. El misterio gira en torno a esta encomienda, cuya emplazamiento exacto es aún hoy incierto. Gonzalo Martínez Díez apuesta por Neira dos Cabaleiros, en la región de Láncara, precisamente por la pista que da el topónimo.
Dejamos Lugo al Norte y bajamos hacia la provincia de Ourense para hablar de la encomienda de Amoeiro, otra de las que sobrevivió hasta 1310. Poco se sabe acerca de este emplazamiento templario más allá de que la bailía tenía propiedades en villas próximas como Astureses.
Si escasos son los datos sobre Amoeiro, todo lo referente a la encomienda de Coia, en la provincia de Pontevedra, es aún más enigmático si cabe. Un documento de 1232 aparece mencionado el comendador de Coia, por lo tanto lo más probable es que en esa fecha la encomienda estuviera ya en pleno funcionamiento. Ciudades como Vigo, Redondela o incluso Pontevedra pudieron estar vinculadas a la encomienda de Coia y, por tanto, guardar entre sus rincones huellas de la presencia de la Orden del Temple. De hecho, el árbol que aparece en el escudo de Vigo era un olivo que plantaron los caballeros templarios junto a la Colegiata de Santa María. El árbol original fue derribado al construir una nueva iglesia, pero se conservó una rama de la que nació un nuevo olivo, actualmente plantado en el Paseo de Alfonso XII. 
Aunque no se hayan conservado pruebas documentales que recojan exactamente dónde y cuándo estuvieron los caballeros de la Orden del Temple en Galicia, sí que podemos encontrar huellas que nos lleven hasta ellos. Una cruz semioculta en una iglesia, que en multitud de ocasiones pasaría desapercibida ante nuestros ojos, se convierte ahora en todo un descubrimiento. Y es precisamente eso lo que he hecho la última semana, recorrer pueblos e iglesias de casi toda la comunidad gallega. Pero de eso os hablaré en sucesivos post. Baste con decir por ahora que nunca volveré a mirar una iglesia o un monasterio con los mismos ojos.

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